El hígado es un órgano con una asombrosa capacidad regenerativa, capaz de repararse a sí mismo ante diversos tipos de daños, incluso cuando parte de él es destruida. Sin embargo, algunas situaciones como el consumo crónico de alcohol o una dieta poco saludable a largo plazo pueden acabar con dicha capacidad y acabar provocando una enfermedad hepática irreversible.
Si dicho proceso patológico se agrava, en última instancia es posible que una persona necesite un trasplante de hígado. Y no siempre es viable realizar dicho trasplante, dependiendo de las características del receptor o de la enfermedad de base que se sufra.